Consumismo desenfrenado a expensas de la vida humana

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Hace unos días, volvía a repetirse una noticia que llevamos escuchando varios años: un cliente del gigante del low cost en materia de fast fashion, Primark, encontraba un mensaje de socorro en una prenda que, al parecer, acababa de comprar. Una vez más, esto se ha producido en una tienda de Inglaterra.

 

Los diferentes mensajes encontrados hasta hoy, ocultos en la ropa, denuncian la explotación laboral que sufren los trabajadores, los cuales manifiestan estar trabajando más de 15 horas diarias y dicen estar en peores condiciones que “los perros o los cerdos”. Desesperados, la única vía que encuentran es dejar estas notas de ayuda para salir de esta situación. Y, una vez más, la empresa irlandesa dice estar investigando la procedencia de estos mensajes.

 

Aunque también podría tratarse de una manipulación por parte de la competencia, es indudable de que, con los precios practicados por esta empresa, no resulta difícil imaginarse las condiciones laborales ni los sueldos percibidos por la gente que fabrica estas prendas de usar y tirar.

Hablando de condiciones laborales, muchos recordaremos el derrumbe de un edificio en Savar, Dhaka (Bangladesh), el 24 de abril de 2013, en el que 1127 personas murieron y otras 2437 resultaron heridas. Ese edificio contenía fábricas de ropa (Grupo Benetton, The Children’s Place, DressBarn, Mango, Monsoon y Primark), un banco y varias tiendas. El día anterior, habían aparecido grietas y las autoridades habían aconsejado no usar ese edificio, advertencias que se ignoraron, pues la mayoría de las empresas textiles “pidieron encarecidamente” a sus trabajadores acudir a su puesto de trabajo. Pocos días después de la tragedia, unos 20.000 trabajadores de fábricas cercanas se manifestaron en señal de protesta: fueron duramente castigados.

 

A raíz del colapso y la consecutiva presión del sindicato IndustriALL, Global Union y la UNI Global Union, así como de importantes ONG, se llego a un acuerdo de prevención para mejorar las condiciones de los trabajadores en Bangladesh, el cual firmaron 31 empresas.

 

En 1996, saltó la noticia de que las zapatillas Air Jordan de Nike, vendidos en Estados Unidos por 125 dólares, estaban fabricadas en Indonesia por niños de 11 años que cobraban 14 centavos por hora. Aunque Nike desmintió este dato, siguió (y sigue) en el punto de mira de las organizaciones que luchan contra la esclavitud infantil (y adulta).

No se trata pues de un fenómeno nuevo. Sin embargo, con la nueva moda del fast fashion, empresas multimillonarias consiguen mantener y han incluso incrementado este tipo de práctica como parte de su proceso de producción: abaratan la mano de obra cuando se trata de obreros menores de quince años. Por consiguiente, el trabajo forzado en niños y niñas aumenta a nivel mundial, concentrándose más particularmente en Asia, seguida de África Subsahariana, América Latina y Caribe, y finalmente Oriente Próximo y norte de África.

 

Así pues, empresas como Nike, Tommy Hilfiger, Timberland, H&M, Marks&Spencer, Diesel, Gap, C&A, El Corte Inglés, Inditex, Cortefiel, Primark,… con fábricas en países como Indonesia, Bangladesh, China, India,… violan tanto los derechos de los trabajadores como del niño, fomentando la explotación infantil y adolescente, exponiéndoles a productos químicos nocivos, prohibiéndoles la libertad sindical e imponiendo demasiadas horas de trabajo con salarios por debajo de lo mínimo.

 

Comprar a estas empresas, callar e ignorar es otra manera de fomentar esta explotación. Mientras muchos siguen a lo suyo, sin ni siquiera tener una mínima idea de lo que ocurre (o eso espero, porque si lo saben y aún así compran a estos grupos, la humanidad está perdida), miles de niños, adolescentes y adultos trabajan más de 72 horas a la semana, cobrando 0,88 € al día. Últimamente, oímos hablar muchísimo en España de “salario digno”: ¿esto os parece un salario digno?

 

Hoy en día es muy fácil informarse sobre las prácticas de una empresa u otra: si se sabe que una empresa o un grupo en particular practica la explotación, ¿por qué seguir siendo su cliente? ¿Para seguir incrementando los beneficios de unos dueños que se aprovechan del sufrimiento humano para lucrarse, comprarse edificios y mansiones, mientras sus trabajadores se mueren de hambre?

 

A los que prefieren mirar hacia otro lado para contemplarse el ombligo, tan sólo les deseo que no cambien los papeles y que no tengan que ver a sus hijos o a sus nietos trabajar como los están haciendo estos desconocidos que les visten y calzan…

 

Y aunque me haya centrado en el sector de la moda, no olvidemos que este fenómeno también está presente en las industrias automovilísticas, agroalimentarias, informáticas,…

 

Escrito por;

Caroline Mervaille

Columnista

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@latribunacolus

 

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