SeaWorld San Diego: una nueva estrategia para callar a los opositores o una real voluntad de mejorar?

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La noticia sorprendio a muchos: SeaWorld San Diego ha empezado un proceso con el objetivo de dejar de hacer espectáculos con orcas en el año 2017. El titular de esta noticia pone de relieve un aparente cambio de actitud de los dueños de SeaWorld. Sin embargo, ¿realmente es así?

 

Cuando se investiga en la noticia más allá, nos damos cuenta de que el maltrato de estas pobres ballenas está lejos de llegar a su fin. En efecto, SeaWorld no liberará estos gigantes, sino que, según un documento de la compañía, se realizará una nueva “experiencia informativa” que tendrá por objetivo hacer pasar un “mensaje de conservación que inspire a la gente a actuar”: ¿a actuar como quien? ¿como ellos?

 

Si bien es cierto que en octubre se ha aprobado un proyecto valorado en 100 millones de dólares para agrandar las jaulas de las orcas en la costa californiana, siguen siendo esto: jaulas, incomparables con la extensión del océano en el cual estos mamíferos marinos tendrían que encontrarse y del cual, en muchos casos, han sido cruelmente secuestrados.

 

En SeaWorld San Diego, también se ha aprobado la prohibición de reproducción de los animales. Sin embargo ¿qué pasa con esos otros centros de tortura del mismo nombre que se encuentran en Orlando (Florida) y San Antonio (Texas)?  ¿Seguirán el movimiento o su visión seguirá nublada por los millones de dólares que ganan cada año a costa de la tortura animal? Y de ser así, ¿llegará realmente el día en el que esos animales, capturados de la forma más bárbara que uno pueda imaginar o nacidos en el mismo parque después de una brutal inseminación artificial, vuelvan a ser libres?

 

Aparte de SeaWorld, ¿qué pasa con otros acuarios como el Seaquarium de Miami (Florida), el Loro Parque de Tenerife (Islas Canarias), el Oceanográfico de Valencia (España), Marineland en Antibes (Francia), donde el pasado 12 de octubre no sólo murió una orca debido a las inundaciones, sino también tiburones, tortugas, rayas y peces, presos de unas jaulas donde los sistemas de filtración de aguas no funcionaban; y con otros tantos parques que se lucran a costa del desconocimiento de sus visitantes?

 

Si realmente decimos querer a estos animales, hemos de concienciarnos y dejar de ir a estos sitios. Reconozco que no es fácil, pues a veces es complicado darnos cuenta porque parecen tan “felices” durante los espectáculos, ¿verdad? Sin embargo, estos shows nos dan una visión más que equivocada de la realidad. ¿Hasta dónde llegará la crueldad humana en beneficio de los intereses económicos?

 

Si aún no lo habéis hecho, os invito a visionar el documental “Blackfish” y a poneros en el lugar de estas orcas: ¿qué haríais en su lugar si estuvierais en una jaula incluso de esas dimensiones?

 

El paso que ha dado SeaWorld San Diego es sin duda esperanzador, aunque, como humanos dotados de algo llamado razón, hemos de presionar para que éste tan sólo sea el primero de muchos pasos que lleven finalmente a la puesta en libertad de estos gigantes, prisioneros de la avaricia humana.

Caroline Mervaille

Columnista

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