Violencia “de género”: desigualdad y desinformación

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Violencia “de género”: desigualdad y desinformación

 

 

Aunque los datos provistos sean de España, la idea general del artículo es inherente a la gran mayoría de los países hispanohablantes, tal y como lo explica también Paz Toldos en su estudios “Hombres víctimas y mujeres agresoras: la cara oculta de la violencia entre sexos”.

 

España, 25 de noviembre de 2015:

  • Mujeres asesinadas por su pareja: 48
  • Hombres asesinados por su pareja: 29

 

La violencia conyugal no es un fenómeno nuevo aunque su reconocimiento como problema social es bastante reciente, pues en España podríamos decir que se habla del número de mujeres muertas a manos de sus parejas desde el año 2000 aproximadamente. Sin embargo, la violencia de las mujeres hacia los hombres es un tema casi tabú. En efecto, ¿qué hemos sabido de estos 29 varones asesinados en el trascurso del año 2015? Nada, o casi. De hecho, el último fue asesinado a martillazos por su esposa poco antes de la celebración del Día contra la Violencia de Género (25 de noviembre). Quizás salieran uno o dos casos en algún periódico, pero nada más. Es más, encontrar datos sobre hombres víctimas de violencia de género resulta ser una verdadera odisea, pues ni el Ministerio de Igualdad y Sanidad, ni el de Interior, ni la Fiscalía ofrecen datos oficiales. Todo queda como si la violencia dentro de la pareja fuera únicamente machista y no existiese violencia feminista, con, además, la creencia sociocultural que si la mujer ejerce violencia es solo para defenderse.

 

 

¿A qué se debe tal Discriminación?

Aparte de las políticas públicas y de los medios de comunicación masivos que han llevado a una sensibilización social retratando a la mujer como única víctima posible de la violencia en la pareja, la Ley Integral Contra la Violencia de Género, aprobada en el año 2004 por el gobierno Zapatero, tiene mucho que ver.

 

En efecto, esta ley misándrica estipula la violencia de género como “aquella que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas, por sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión”. Por lo tanto, con esta definición, los asesinatos de hombres cometidos por sus parejas no pueden considerarse violencia de género, y no constan. Es más: esta ley, excluye en su definición la posibilidad de violencia en parejas del mismo sexo, además de ir en contra del artículo 14 de la Constitución Española, defensor de la igualdad legal de todos los Españoles ante la ley, con independencia de su sexo.

 

Esta desigualdad se traspasa al marco legal, pues una denuncia por violencia a un hombre hacia su mujer se considera delito, y una denuncia a una mujer por parte de un hombre se considera falta: misma conducta, terminología diferente y, por consiguiente, consecuencias muy dispares, dado que esto da derecho a una mujer maltratar a un hombre con impunidad, amparada por el sistema judicial español.

 

A pesar de los consejos de la Real Academia de la Lengua por nombrar esta ley “Ley Integral Contra la Violencia Doméstica”, pues “género” hacía referencia desde hacía mucho a la mujer oprimida, los políticos hicieron oídos sordos. Pero no limitemos esta actitud al gobierno Zapatero, pues el gobierno de Rajoy tampoco ha modificado esta ley ni sus términos. Y, tal y como vamos, a pesar de las nuevas tendencias políticas supuestamente progresistas, parece ser que conviene seguir subestimando la violencia femenina y sobreestimando la masculina. Una de las últimas en inclinarse a ello, siguiendo con la consigna actual de hacer creer que el varón es el gran culpable y la mujer la gran víctima, ha sido Manuela Carmena, alcaldesa de la capital española, definiendo la violencia de género como “producto de un enfrentamiento puro entre la cultura tradicional masculina de la violencia y la femenina, que es la vida”.

 

 

Las Consecuencias de la Ley

La primera consecuencia directa de tal discriminación positiva hacia la mujer es el aprovechamiento de la ley por parte de unas, haciendo denuncias falsas: un arma muy poderosa contra los hombres. Y la separación o divorcio es la principal motivación de estas mujeres sin escrúpulos, que tan sólo buscan apartar a la pareja de los bienes y/o de los hijos. Algunos magistrados, hombres y mujeres, denuncian incluso a abogados y asociaciones feministas por incitar a sus clientas a poner denuncias infundadas.

 

Este fenómeno ha llevado en España a un aumento de los suicidios masculinos. Aunque suele ser complicado determinar la causa de un suicidio (y muy fácil achacarlo a la crisis), resulta patente el incremento de suicidios por parte de varones en los últimos años, a la vez que el incremento de denuncias por violencia doméstica. En 2013 (último año consultable), se suicidaron 2911 hombres y 959 mujeres, un 22% más que en 2010.

 

Aunque nos hayamos centrado en la violencia física, no hay que olvidar otros tipos de violencia como pueden ser la violencia psicológica, económica, emocional… y, aunque también es cierto que el número de mujeres asesinadas en el marco de la violencia doméstica es superior al de los hombres, no se puede negar que el hombre maltratado es una realidad, igual de cruel, si bien muchos se empeñan en intentar ocultarlo.

 

Poco debería importar si se es mujer, hombre, niño, persona mayor, animal,…: la violencia es violencia y no distingue de sexos, edades, tamaños o pesos. Por eso la ley debería amparar a quienes la sufren, sin distinción alguna.

 

Escrito por; Caroline Mervaille

Columnista

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